El yogur y la cuestión judía

Todo empezó en España en el año 1492, cuando los muy católicos pero pocos sagaces reyes, Isabel y Fernando, expulsaron de su país a sus sujetos los más fieles y taimados.

 

La familia Karasu, a lo mismo que muchos otros, tomó el camino del exilio.

Tras algunos siglos de vagabundeos por la cuenca mediterránea, llegó en los Balcanes en la ciudad de Salónica que se encontraba bajo dominación turca.

 

El médico, Isaac Carasso (había cambiado un poco su apellido) se dio cuenta de que sus pacientes que sufrían dolores de estomago, se curaban tomando yogures. Como buen judío y “malo capitalista” fundó una pequeña empresa que fabricaba yogures.

 

En el mismo tiempo, Ilya Ilych Metchnikov (que en realidad se llamaba Eli), zoólogo, anatomista y bacteriólogo que trabajaba en Odessa sobre la vacuna contra la rabia, se sintió harto de la hostilidad rusa a su encuentro.

Amigo de Pasteur, solicitó un puesto en el Instituto del mismo nombre e inmigró a Paris; fue nombrado vicepresidente del Instituto y obtuvo el premio Nóbel de Medicina sobre su trabajo a cerca de la fagocitosis (año 1908).

Eli trabajaba también sobre los fermentos lácteos, convencido de que la leche cuajada, el yogur y el kéfir alargaban la vida.

Isaac Carasso sacó provecho de los descubrimientos de Eli Metchnikov y empezó a fabricar los yogures que crean centenarios.

 

En el año 1918,  la familia de Isaac Carasso vuelve a España como casi todos los judíos de la comunidad de Salónica. Allí funda una pequeña empresa destinada a producir yogures y centenarios.

 

Isaac tiene un hijo, Daniel, a quien da el diminutivo de Danonn o “pequeño Daniel”, y el papá decide llamar su empresa DANON.

Daniel prosigue el negocio de su padre pero la guerra le obliga a refugiarse en Estados Unidos.

En el año 1941, en Nueva York, conoce a un cierto doctor Herman Buch quien, seguro de que el yogur es maravilloso para la salud, le propone una asociación para enseñar a los americanos a alimentarse mejor.

 

Daniel no tiene dinero pero tiene pericia en los yogures; recibe 50% de “Dannon Milk Products” del que se vuelve presidente.

Baruch presenta a Daniel Carasso el diseñador más importante del siglo: Raymond Loewy:”Danone no suena bien, los americanos van a decir Denoni”; en una hoja de papel Loewy escribe “Dannon” quitando la e y dibuja un logo añadiendo “real yogur”. No pide ningún dinero por su trabajo.

Lo que sigue, todo el mundo lo sabe. BSN y Danone fusionan y, hoy en día, 80 millones de tarros de Danone se venden cada día por el mundo.

 

¿Pero, a caso todo eso hubiera ocurrido si cuatro inmigrantes moldavos o españoles: Isaac, Eli, Hermann y Loewy, expulsados de España, de Polonia o de Moldavia no hubieran soñado en transformar los hombres centenarios?

Recordemos que hoy, Daniel Carasso, “el pequeño Daniel” tiene 103 años y está mas sano que una manzana. Sin duda alguna, el genio judío y el yogur conservan.