Discurso del Presidente en Yom Hashoah, Yom Hazikaron y Yom Haatzmaut
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Discurso del Presidente en Yom Hashoah, Yom Hazikaron y Yom Haatzmaut
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YOM HASHOAH

 

Queridos amigos,

En primer lugar, quisiera aclarar lo siguiente para algunos de nosotros:

1.      Yom Hashoah cae este año el 25 de Abril, lo que corresponde al 27 de Nisan.

2.      Yom Hazikaron cae este año el 2 de Mayo, que corresponde al 4 de Iyar.

3.      Yom Haatzmaut cae este año el 3 de Mayo, que corresponde al 5 de Iyar.

Como cada año, celebramos Yom Hashoah en memoria de los 6 millones de seres humanos que sufrieron la peor barbarie jamás atestiguada por el hombre. En origen, esta conmemoración se celebraba el 15 de Nisan, aniversario de la revuelta del gueto de Varsovia el 19 de abril de 1943, pero existía el problema de la coincidencia con la celebración del primer día de Pesaj, motivo por el cual la fecha tuvo que ser modificada.

En este día, recordamos la fragilidad de nuestro pueblo saqueado por la inhumanidad moderna. Este día devuelve un nombre y una historia a aquellos que se han visto brutalmente privados de ello. Este es un día de cuestionamiento: ¿Por qué nosotros seguimos vivos? ¿Por qué nos hemos convertido en un pueblo libre, con una tierra propia y a quién se lo debemos? Para responder a estas preguntas, nada mejor que inclinarse hacia donde una piel arrugada conservará para siempre la huella de un tatuaje azul o hacia las secuelas y los recuerdos indelebles.

Simplemente quisiera recordar que de los 280.000 supervivientes de la Shoah con los que cuenta hoy día Israel, 12.000 no perciben ninguna de las subvenciones previstas en los acuerdos de compensación firmados con Alemania y 93.000 viven bajo el umbral de la pobreza. Es impensable creer que aquellos que sufrieron en lo más profundo de su ser el frío, el hambre y el abandono en su más tierna infancia, hayan llegado a una edad avanzada privados de las necesidades más elementales. No olvido que existen organizaciones en el mundo que se encargan del bienestar de estas víctimas, pero ello no debe impedirnos cumplir con nuestro deber.

Es difícil salir intacto de una ceremonia en recuerdo de la Shoah, y mucho menos de una visita de un campo de concentración como Dachau, donde solo es necesario acercarse para sentir cómo se hiela la sangre.

Perdonar pero nunca olvidar: éste es el lema del judío tras la noche de los tiempos que vieron desfilar ante sus ojos pogroms, discriminación, exilio, vergüenza, humillación y muerte. Una pedagogía del Holocausto debe comenzar por señalar su singularidad. El proceso contra los judíos comenzó mucho antes de la tragedia completa, con diversas etapas planeadas con precisión. Las víctimas fueron asesinadas simplemente por ser judíos, es decir, en virtud de un componente inalienable de su identidad y no a causa de sus ideas o sus actos. El Holocausto no ha sido el resultado de una batalla, ni de una tragedia natural, ni de una explosión de rabia primaria, sino de una acción planificada y ejecutada por el hombre, una acción de tipo industrial y metódico.

En relación con la construcción de una pedagogía del Holocausto cabe preguntarse si un horror como este podría volver a repetirse. Pues bien, llegados a este punto sólo cabe recordar las palabras (y su objetivo declarado de “borrar a los judíos del mapa”) del Presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad: “ellos (los judíos) han inventado una leyenda según la cual ellos fueron masacrados, elevándola a la categoría de mito, por encima de la misma idea de Dios”.

Es por ello que resulta fundamental la enseñanza de la historia de la Shoah, así como la lucha contra el antisemitismo y el negacionismo. Según palabras de Primo Levi, “Nosotros, los supervivientes, somos los testigos, y cada testigo está obligado a responder de manera completa y verídica. Se trata para nosotros de un deber moral, porque nuestro, exiguo desde siempre, va disminuyendo”.